PRÓLOGO

La Ratio Institutionis de la Congregación, fruto de un trabajo que ha exigido mucha energía a quienes han consagrado tiempo y talentos, nos llega después de un largo camino de preparación. En 1998, los formadores reunidos en sesión expresan el deseo de tener una guía de formación para toda la Congregación. Anteriormente, ciertos proyectos habían aparecido en algunas Provincias o Regiones.

Pero se había hecho necesario, para alcanzar una mayor comunión, tener un texto con autoridad para toda la Congregación. Para realizar este proyecto, el Capítulo general del 2000 dio mandato al Consejo general para elaborar un proyecto de Ratio Institutionis. Una comisión, presidida por el Hermano Josu Olabarrieta, Asistente, se puso a trabajar en este proyecto. Apoyándose en primer lugar en los textos de la Iglesia que hablan de la formación inicial y de la formación permanente y consultando un cierto número de “Guías de formación” de otras Congregaciones se elaboró un texto base.

Siguieron, después, otras etapas que permitieron a los Superiores Mayores y a los formadores aportar sus propias reflexiones. Un equipo constituido por cuatro Hermanos, uno por sector, estudió, finalmente, las diferentes aportaciones y acabó la redacción de un texto quedebía ser presentado al Consejo general en vista del Capítulo general del 2006. Los Hermanos reunidos en Capítulo han estudiado, con esta ocasión, el texto que habían recibido con anterioridad, han aportado diversas observaciones sobre el fondo y la forma para, finalmente, adoptarlo como texto de base. Este fue remitido al Consejo general para que confiase la redacción final a una comisión que tendría en cuenta las observaciones hechas por el Capítulo. Esto se realizó en febrero del 2007 en Roma. Después de la aprobación por el Consejo general, ha sido necesario, una segunda vez, confiar la Ratio Institutionis para ser traducida.

Quisiera, pues, antes de proponer la lectura y la puesta en práctica de este texto a todo el Instituto, dar las gracias a todos los Hermanos que han trabajado en su redacción, desde la elaboración del primer texto has el final, pasando por todos aquellos que han aportado sus sugestiones, y que la han traducido. Tenemos, ahora, un documento que debe ser referencia, en materia de formación inicial y formación permanente, para todo el Instituto. Cuando un joven entra en el Instituto, busca responder a una llamada que ha nacido en el secreto de su corazón, en diálogo personal con Cristo a quien ha decidido seguir en una forma de vida específica como es la vida consagrada según el carisma menesiano.

Cuando un Hermano se compromete por voto a vivir según la Regla de Vida de los Hermanos de la Instrucción cristiana, se compromete a seguir a Cristo según el estilo de Juan María de la Mennais, según el carisma que éste ha recibido del Espíritu, en la Iglesia, pueblo de Dios. Cuando un Hermano camina así, día tras día, año tras año, con el deseo de asemejarse cada vez más a Aquél que le ha llamado, su paso se hace, a veces, entusiasta, generoso, o titubeante. A veces incluso, las pruebas le llevan a atravesar etapas nuevas y liberadoras en el itinerario de su vida. La experiencia de cada uno nos enseña que este camino de santidad es, a veces, un camino en el desierto en el que todo se convierte en prueba y otras veces es un camino soleado y sembrado de frutos maravillosos. Comprometerse a vivir según la Regla de Vida con la alegría de un corazón ardiente y decidido es una cosa, lograrlo e lo largo de toda una vida, en la fe y en la perseverancia, es otra.

La formación es el medio que nos está propuesto para ayudarnos a ello. No se trata, en primer lugar, de alcanzar nuevos conocimientos sino de buscar medios que nos permiten sabernos, cada vez más, amados por ese Dios que nos ha llamado, reconocernos siempre como enviados por El a salvar a los jóvenes, en el corazón de una Iglesia-comunión, junto con los Laicos que se sienten llamados a una misma misión. Debemos dejarnos « formar », « transformar » « transfigurar » a lo largo de toda nuestra vida. ¿Qué Hermano puede decir que ya ha alcanzado la santidad? ¿Quién es el que osaría afirmar que ya no tiene que progresar para responder a las llamadas que Cristo le dirige hoy? ¿Quién puede certificar que es, en medio de los jóvenes y de los adultos, la imagen perfecta de Cristo? Cada uno de nosotros sabe muy bien que no es suficiente toda una vida para injertarse realmente en Cristo y “realizar su propio crecimiento para construirse a sí mismo en el amor” (Ef. 4, 16)

Esta « Guía » es, pues, un compañero de camino para todos los Hermanos. Nos da los medios para ser fieles a la Regla de Vida, expresión de la Voluntad de Dios. Será una ayuda preciosa, ciertamente, para los Hermanos encargados de la formación inicial o de la formación permanente. Pero todos encontraremos en ella los ejes que nos permitirán progresar continuamente en el camino de la santidad. Confío esta Ratio Institutionis a la intercesión de María. Que Ella que ha sabido ponerse a la escucha del Espíritu, que se ha dejado humildemente amaestrar por Aquél de quien era La Madre, nos enseñe a caminar paso a paso sobre las huellas de Cristo y a dejarnos transformar a la luz del Espíritu que ha suscitado el ardor y la audacia de Juan María de la Mennais y de Gabriel Deshayes. Sí «ninguno de nosotros entrará en el seno de Dios si no se ha conformado a la imagen de su Hijo» (S VII, 2172)

Hermano Yannick HOUSSAY,
Superior general