«Los Hermanos tendrán muchas cosas que compartir después de haber vivido estos días del Capítulo con vosotros.

Muchísimas gracias a vosotros que estáis ahí, trabajando con nosotros desde el 1 de marzo de 2016 como Comisión Internacional.

Habéis venido a Roma. Habéis necesitado conoceros, escucharos, pero el corazón ya estaba ahí, compartiendo, escuchando, con el objetivo de construir algo nuevo para la Familia Menesiana.

Sois 6 aunque deberíais ser 11, si contamos el número de Provincias y Distritos.

 

F. Yannick. “El Capítulo está todavía en sus comienzos, pero es muy significativo que haya comenzado con vosotros presentes. “

Os animo a que avancéis en este sentido, para que la Comisión Internacional se agrande y llegue a tener 11 Laicos, prevenientes de todas las Provincias y Distritos.

El Capítulo está todavía en sus comienzos, pero es muy significativo que haya comenzado con vosotros presentes.

Tenemos que dar aún más pasos complementarios, …

Necesitaremos tiempo. Esto nos autoriza a trabajar a largo plazo sin estar obsesionados por los resultados inmediatos. Se trata de ponerse en camino. Eso es lo que hemos hecho juntos. Es lo que debemos seguir haciendo.

Lo importante es no pararse, proseguir la andadura. Somos muy conscientes de ello. En el fondo de nuestro corazón todos estamos convencidos de que hay que seguir adelante.

El próximo Consejo y la próxima Comisión trabajarán en ello, …

Os agradezco que seáis un ejemplo para nosotros, los Hermanos. Sois para nosotros ejemplos de Fe, de caridad, de don gratuito, de esperanza.

 

 

De esta experiencia vivida juntos, la Familia Menesiana sale engrandecida. Se está abriendo una nueva página.

Percibimos una familia profundamente unida en el seguimiento de Cristo que nos llama, que nos guía y que nos envía en misión de educación y de evangelización, sobre todo hacia los pobres.

Os recuerdo esta palabra del P. de La Mennais: «Que el Señor se digne hacer de vosotros, hombres y mujeres según su corazón: abnegados en su Iglesia, desprendidos de sí mismos, dispuestos a emprender y a sufrir todo para repartir la semilla, encender en el mundo ese fuego divino que Jesús vino a traer. Estáis llamados a algo grande. Tened siempre ante vuestros ojos esta alta vocación para trabajar en haceros dignos de ella.»